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 La pobreza en un vaso de leche

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MensajeTema: La pobreza en un vaso de leche   Dom Oct 28, 2012 10:57 am

En casa de Mari Àngels la pobreza se mide por vasos de leche. Aquí ya no hablan de litros ni de tetrabriks, solo de vasos, de los cuatro de cada mañana y de los que han tenido que quitar de la merienda de sus tres hijas. Cuando ya no te queda nada más por recortar, cuando ya estás desahuciada y sin trabajo, ya solo te queda hacer cálculos. Calcularlo todo. Por vasos de leche, por rodajas de pan... Esto dura dos días, esto dará para tres... Mari Àngels Maymó calcula porque sabe que el mes siempre trae días peores, aquellos en los que no hay nada para calcular.

Mari Àngels tiene 37 años, lleva cinco en el paro y el pasado mes de julio el banco la echó de su casa. Antes de todo eso, ella trabajó durante casi una década como cajera de una cadena de supermercados en Palma de Mallorca. El primer año parada fue su gran espejismo. Con un finiquito holgado y su marido aún con trabajo, se dedicó a cuidar de sus tres hijas, sobre todo de la recién nacida que acababa de llegar a casa. "Siempre pensé que volvería a encontrar trabajo en cuanto me pusiera a buscar, pero entonces estalló todo y ya no había nada por ningún sitio", recuerda sin poder entender aún cómo se ha podido convertir ella en una persona pobre cuando nunca lo fue.

Mari Àngels y su marido, Biel Garcías, que a sus 51 años lleva tres en el paro, forman parte del 21% de los españoles que viven por debajo del umbral de la pobreza. Entre los 426 euros de la ayuda que percibe él y los 200 euros de manutención que le da a ella el padre de sus dos hijas mayores, la familia tiene asegurada la comida apenas los primeros 10 días del mes. El resto, hay que pedirla.

El oro de la comunión

Un martes cada dos semanas, acuden a Cáritas, donde les dan un carrito con leche, caldo, patatas, "a veces hasta huevos". "Les he tenido que quitar a las niñas el vaso de leche de la merienda, pero esas tardes les dejo que se tomen uno con unas cuantas galletas", explica mientras cuenta que aún no ha podido pagar el material escolar de sus hijas, de 12, 10 y 5 años. Mari Àngels conseguido prestados los libros del instituto para la mayor, pero aún no sabe de dónde sacará los 260 euros que necesita para las pequeñas. Todas van a centros públicos.

"Ya lo hemos vendido todo. Mucha ropa nuestra, todo el oro que teníamos... He tenido que vender hasta el de la comunión de mis hijas, no sé qué les diré cuando sean mayores, pero es que tenían que comer", explica como queriendo disculparse a sí misma mientras cuenta que en los peores meses hasta ha tenido que "coger prestado" el papel higiénico de baños ajenos.

Mari Àngels y Biel son una de las más de 2.500 familias que en Baleares ha perdido su casa en lo que va de año. El pasado verano el banco les quitó el piso después de año y medio de lucha con las cuotas. En realidad lo compró ella sola, cuando se acaba de separar de su anterior pareja y parecía que iba a trabajar el resto de su vida felizmente como cajera de supermercado. Cobraba algo menos de 1.000 euros y el BBVA le otorgó un préstamo hipotecario de 122.000 euros en el año 2004. Por culpa de los intereses acumulados por impagos, a día de hoy debe 130.000. "Yo quería evitar lo de la tele. Eso era lo único que pensaba, que no quería que mis hijas vieran ese drama", explica un día después de que un hombre 53 años se suicidara ahorcado en Granada cuando iba a ser desahuciado.

Ellos se fueron antes de que les echaran a la fuerza. El banco les dio un mes y medio para salir de allí y en ese tiempo consiguieron que el cuñado de Biel les dejara vivir en un viejo piso del Polígono de Levante que está en venta. "En estos momentos lo peor que nos puede pasar es que esto se venda, en el resto ya hemos tocado fondo", asegura cansado Biel, que antes de quedarse sin trabajo llevaba cotizados casi 30 años de su vida: "Pienso en cómo éramos antes y parece la vida de otros".

Sudokus con las ayudas

Mientras el banco estudia si aceptar su piso como una dación en pago, Mari Àngels hace sudokus con las ayudas. Hace unos días los servicios de Cáritas le dieron dos vales para el equipamiento escolar de cada niña. Eso son 150 euros en ropa, pero ella los intercambió por comida, porque "ropa siempre hay alguien que te da porque no la necesita, no es tan difícil de conseguir".

En el supermercado donde canjeó los vales no le pusieron pegas, pero cuando llegó a la caja se llevó un tortazo inesperado. Ella ya había hecho su compra, todo comida de verdad, "sin tonterías, todo alimentos que pudieran comer las niñas porque para algo eran sus vales". Ni siquiera le había dado tiempo a sacar la compra del carrito cuando la cajera le dijo con desprecio: "Te dejamos hacerlo, pero voy a mirar bien todo lo que has cogido porque no pienso dejar que te lleves ni una sola botella de alcohol". Así cuenta Mari Àngels cómo la humilló delante de todos esa cajera que "luego, cuando vio que no llevaba nada de eso, ni siquiera pidió disculpas".

En casa de Mari Angels meriendan un vaso de leche cada dos semanas, tienen vales para el colegio y hasta han podido pagar el último recibo, de 80 euros, gracias a Cáritas, la entidad a la que Amancio Ortega acaba de donar 20 millones de euros. "La solidaridad no está en crisis. Al contrario, la gente está muy sensibilizada y crecen el voluntariado y las donaciones", dice Mónica March, trabajadora social de esta organización, que solo el pasado año prestó asistencia a 1.800.000 personas en España, 200.000 más que en 2010.

"La gente ya no está ni crispada. En general vienen con un estado de depresión, con esa sensación de que ya no tienen nada que hacer. Ya no están enfadados, han aceptado la situación", cuenta March para explicar que en estos momentos en los que no pueden ofrecer trabajo "porque no lo hay", una de las cosas más importante que ofrecen es "una buena escucha". Para March, la crisis tiene algo bueno: "Estamos volviendo a vivir en comunidad. Volvemos a conocer a nuestros vecinos y a contar con la familia".

Mari Àngels y Biel saben lo que es acudir a la familia, que hace lo que puede, que pondrá la mesa en Navidad y en Año Nuevo. Un día serán los padres de ella, que son pensionistas, o la hermana o el hermano... Y los Reyes Magos volverán a venir de Oriente, de ese Oriente que son las tiendas de todo a un euro: "Benditos chinos. Gracias a ellos podré comprar por dos euros la pizarra que las niñas han pedido... de verdad, benditos chinos".

http://www.elmundo.es/elmundo/2012/10/26/baleares/1351281421.html
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