Carlota Casiraghi y Gad Elmaleh

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Carlota Casiraghi y Gad Elmaleh

Mensaje por Glam el Dom Feb 12, 2012 7:23 pm

Celebrities
Lolita busca cuarentón

Carlota Casiraghi y Gad Elmaleh, en sendas fotos de archivo

Carolina de Mónaco y Philippe Junot

Marilyn Monroe y Arthur Miller

Serge Gainstonbourg y Jane Brkin

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Carlota Casiraghi y Gad Elmaleh podrían ser una de las parejas sorpresas de este recién estrenado 2012. Fotos: AFP y Gtres.
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Carlota Casiraghi y Gad Elmaleh, en sendas fotos de archivo

Carolina de Mónaco y Philippe Junot

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Serge Gainstonbourg y Jane Brkin

| 07 feb 2012
MUJERHOY - Lucía Lijtmaer

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La heredera más glamourosa de Mónaco ha dejado a su novio de toda la vida para disfrutar de la pasiónen brazos de un galán maduro. ¿Casualidad o impronta psicológica? ¿Superará su amor la diferencia de edad?

Se suceden las metáforas. Un hombre mejora con la edad como el buen vino, dicen. Y después, alguien habla de la juventud como si se tratara del rocío de la mañana. Surgen comparaciones con 'Lolita', de Vladimir Nabokov, con 'El animal moribundo', de Philip Roth, con 1.000 historias que narran la atracción entre la chica y el hombre maduro. ¿La causante de este revival? Carlota Casiraghi.

La chica formal del clan de Mónaco, de 25 años, conoció al actor, humorista y cantante de éxito Gad Elmaleh, de 41 primaveras, las pasadas navidades en un local nocturno parisino y, para fin de año, lo suyo ya era amor. El romance-torbellino hizo que Carlota dejara sin dudar un segundo a su novio de toda la vida –¡ay, Alex Dellal, esto no hay quien lo arregle!– y a estas alturas se ha convertido en jugosa primera plana de todo tipo de publicaciones: Gad Elmaleh es un apuesto galán, separado y con un hijo. La princesa y el profesional adulto, una situación sacada de 'Vacaciones en Roma', como si se tratara de un trasunto de Audrey Hepburn y Gregory Peck. O, para los más morbosos, una atracción sexual a lo Marlon Brando y Maria Schneider en 'El último tango en París'. Por fantasear que no quede.

Ni 'Vacaciones en Roma' ni 'El último tango en París' acababan bien, aunque eso nos da igual porque lo que Casiraghi y Elmaleh han hecho es volver a poner sobre la mesa uno de los mitos de pareja/relación/deseo más interesantes que existen: maduritos con veinteañeras, ¿realmente funciona?

La psicoanalista y autora de 'Mujeres malqueridas' (Ed. La esfera de los libros) Mariela Michelena explica el porqué de esta atracción: "Para una joven, un hombre con 20 años más que ella es muy deseable por varios motivos. El primero, es que siente que él tiene la vida hecha, es pura experiencia de la que aprender. Se trata de la clásica figura paterna. En el caso de Carlota, eso es evidente, porque ella perdió a su padre, Stéfano Casiraghi muy joven y Elmaleh, además de atractivo, comparte rasgos físicos con él". Es cierto. Se parecen.

Entra pues en la ecuación uno de los pilares del psicoanálisis: el complejo de Edipo. Según Sigmund Freud, padre de esta teoría, una de las fases del crecimiento del individuo pasa por el enamoramiento infantil de la figura paterna o materna. Así, una cierta tendencia a la atracción por los hombres mayores se entiende como una falta de superación del complejo edípico.

Tampoco es casualidad que se parezcan las historias. O que se repitan, más bien. "De madres con tendencias a estar con hombres mayores suelen salir hijas que también buscan a este tipo de hombres", explica Katherine Twamley, socióloga de University College of London. El caso de Carlota es, en este sentido, un auténtico clásico. El primer marido de Carolina de Mónaco fue Phillipe Junot, que le doblaba la edad. Pero, ¿qué otras explicaciones hay, además de una cierta fijación por un hombre que recuerde a un padre? Blanca Sánchez, estudiante de Periodismo de 25 años, es directa: "Un hombre mayor te trata como una mujer, no como tu colega, y eso es maravilloso. Te hace ver que eres atractiva y deseable", explica.

IDEALIZACIÓN INOPORTUNA

Para la psicoanalista Isabel Menéndez, el hecho de que una veinteañera ningunee a los chicos de su edad, o les encuentre faltos de atractivo, tiene otras connotaciones no tan sencillas: "Estas chicas atacan a los varones de su generación y los ven insuficientes porque, en realidad, son ellas las que se sienten inseguras. Estas jóvenes suponen que, por el hecho de tener más edad, los hombres de cierta edad lo tienen todo resuelto, pero suelen olvidar que ellos están ahí, solteros, porque han fracasado en sus relaciones anteriores y puede que arrastren un pasado y un mundo emocional muy complicado. Es decir, les idealizan".

Y el contexto, en este tema, tampoco es ajeno. Lo que transmite un hombre mayor no viene únicamente de la experiencia, sino también de la seguridad. "En situaciones de crisis como la que vivimos ahora, a un hombre maduro se le presupone que tiene la vida resuelta. La tranquilidad es un valor en alza y resulta muy atractivo", concluye Twamley.

A pesar de estas palabras, no es que las mujeres jóvenes busquen a un hombre que les resuelva la vida, sino que encuentran la seducción "a la vieja usanza" algo exótico y misterioso. "¿A quién no le gusta que le abran la puerta de un restaurante? Parece que el feminismo nos ha obligado a pedir perdón si nos hacen sentir femeninas", explica Mónica Pardo. Esa parece ser una de las reivindicaciones más habituales entre las jóvenes que deciden salir con hombres mayores, que son tratadas como mujeres. "La construcción de este tipo de relación es para ella, sobre todo, la idea de una experiencia de vida total. El otro te deslumbra y te da el mundo entero", advierte Mariela Michelena. Un hombre mayor siempre resultará interesante porque tiene más dinero que los chicos que conoces, ha viajado más que ellos y ha vivido más cosas. Es una ecuación que no falla. Y resulta satisfactoria para ambas partes.

¿ARMA DE SEDUCCIÓN MASIVA?

Pero no hay que dejar de lado al otro protagonista de la relación. ¿Qué aporta una veinteañera a un hombre que le dobla la edad? "Juventud. Frescura. Deseo. Tranquilidad. No hay un solo factor. Las jóvenes no ejercen la presión para tener hijos que sufren las treintañeras y te aceptan como eres, con ellas estás más relajado", dice Óscar Sanz, un informático de 45 años.

Pero además de gustar, para un cuarentón una chica joven es un subidón de ego. "Aparecer con una jovencita hace que todos te miren con envidia –explica Sanz–. Tus colegas piensan que tienes un poder sexual fuera de lo común". Así que, para el hombre, la mujer joven es puro narcisismo porque les hace sentir más grandes. ¿Qué hay mejor que mirar frente a ti y encontrar el rostro de una chica deslumbrada?

"Un hombre mayor puede ejercer con una jovencita de Pigmalión, de aquel que enseña, moldea a su gusto y muestra lo que ya conoce ante alguien que está entregado", observa Michelena. Pero deslumbrar implica mantener el control. El Pigmalión decide, elige, y no siempre aguanta que el objeto de deseo ejerza la libertad. "En las dos ocasiones en las que he salido con hombres mayores, he acabado yo con la relación", explica Lucía Ruiz, estudiante de cine. "En algún momento han querido atarme sentimentalmente y yo no quería". Lo mismo explica Blanca: "Mis historias se han caracterizado porque ellos intentaban controlarme". Y es que, en algunos casos, a más edad, más machismo. Aunque eso es una generalización. “Un hombre de cuarenta y tantos era un jovenzuelo en los 80, cuando la ruptura de moldes en España era un hecho. Así que no se pude achacar el control a la edad. ¿Acaso no hay celosos controladores de veintitantos?", concluye Twamley. Evidentemente, sí, pero sin canas.

"ES UNO DE MIS MEJORES AMIGOS", Lucía Ruiz (23 años, estudiante de cine).

"Me he enamorado de hombres que me doblaban la edad más de una vez, pero la primera fue la más importante. Yo tenía 21 años y vivía en Vigo. Nos presentaron amigos comunes. Él era músico y estaba grabando un disco. Desde el primer momento me sentí atraída por él: era inteligente, considerado y me resultaba muy atractivo. Siempre he aparentado más edad de la que tengo, he ido siempre con gente mayor que yo, así que a nadie le resultó tan extraño. Salimos durante varios meses, él estaba recién separado y quería una relación estable, pero yo no estaba preparada. Era muy consciente de que me quedaba mucho por experimentar. Ahora es uno de mis mejores amigos."

"CREO QUE BUSCO PROTECCIÓN", Blanca Sánchez (25 años, estudiante de Periodismo).

"Durante años me he fijado en hombres mayores que yo. Creo que es por mi padre, que hay algo de búsqueda de protección en esa atracción. Mi relación más importante en este sentido fue con un hombre que dejó a su mujer por mí, aunque creo que fui una excusa para acabar con un matrimonio que ya estaba roto. Yo era muy joven entonces, tenía 18 años, y me negué a salir con él mientras estuviera casado. Pero después me echaba en cara su divorcio y se volvió celoso. Otro cuarentón con el que salí fue más agradable, aunque no quería comprometerse. Ahora salgo con un chico de mi edad y, paradójicamente, es más maduro que esos dos".

"MIS AMIGAS AÚN SE RÍEN DE MI", Mónica Pardo (26 años, administrativa).

"Siempre me había reído del estereotipo de chica joven que se prenda de un cuarentón. Pero una noche, estando con unas amigas de copas en un bar me entró un tío con traje y corbata. Al principio me lo tomé a broma, pero como no estaba nada mal, le di conversación. Pasó de intentar ligar a invitarme a cenar una noche, lo que me pareció mucho más elegante que lo que había vivido hasta entonces, con 23 años. La verdad es que nadie me había tratado nunca como él. Poco a poco me fue ganando, y hace unos meses ¡do nos hemos ido a vivir juntos. Mis amigas aún se ríen de mí. Eso me pasa por creer en los estereotipos".
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